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Los momentos mágicos (o eso que pasa cuando por fin respiramos)

La giralda en Navidad

Noche en Sevilla junto a la Giralda iluminada, símbolo de calma, presencia y momentos mágicos que conectan con el alma.


Empezar un año nuevo suele venir acompañado de listas, propósitos, metas, energía renovada y esa presión silenciosa de “ahora sí”.


Y sin embargo, la vida —cuando no la forzamos— suele recordarnos otra cosa:que lo verdaderamente importante no siempre hace ruido.


Los momentos mágicos no siempre hacen ruido


A veces creemos que los momentos mágicos de la vida tienen que ser enormes: viajes lejanos, logros impresionantes, noticias extraordinarias.


Y se nos olvida que la vida también sucede en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que no se publica.


Hace unos días estaba en la Giralda.

Era de noche.

Hacía frío del que te mete las manos en los bolsillos sin pedir permiso.

Las luces caían sobre la piedra y la arquitectura se veía especialmente bella, como si Sevilla hubiera decidido vestirse elegante sin avisar a nadie.


Cuando detenerse también es avanzar

La gente pasaba.

Cada quien con su prisa, su historia, su teléfono, su urgencia.

Y yo… respiré.


No fue nada espectacular.

No hubo revelaciones cósmicas ni frases épicas.

Solo un instante.


Un silencio cómplice, de esos que no incomodan, que acompañan.

Y entonces apareció un vals de Strauss.

No de golpe.


Primero tímido, luego claro.

Un hombre tocaba la flauta al otro extremo, como si no supiera —o no le importara— que estaba regalando belleza a desconocidos.

Y ahí pasó.


Sentí paz.

Conexión.Magia.

Amor tranquilo.


De ese que no promete nada, pero sostiene.

Pensé: se puede seguir.

No porque todo esté resuelto.

No porque las circunstancias hayan cambiado.Sino porque existen estos momentos.

Porque existen estos segundos en los que la vida no exige, no corre, no aprieta… solo está.


La belleza de lo cotidiano que no solemos mirar

A veces creemos que los momentos mágicos tienen que ser enormes: viajes lejanos, logros impresionantes, noticias extraordinarias.

Y se nos olvida que la vida también sucede en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que no se publica.


La magia está en respirar cuando nadie lo pide.

En escuchar una música que no buscabas.En quedarte un segundo más donde podrías haberte ido.

No es escapismo.

No es ingenuidad.

Es presencia.


Un movimiento que cuida y es real

Y eso —aunque no lo parezca— también es un movimiento que cuida.

Un movimiento real.

Alcanzable.

Humano.


No hace falta cambiarlo todo para que el corazón baile.

A veces basta con detenerse.

Mirar.

Escuchar.

Y permitir que lo que ya está ahí te toque.

Este año no quiero correr más deprisa.

Quiero estar más atenta.


Porque la vida, incluso en medio del cansancio, de las dudas o de las circunstancias que no elegimos, sigue ofreciendo instantes que nos recuerdan algo esencial:

La magia no está lejos.


Está en todo cuanto te rodea.

Solo que a veces vamos tan rápido…que no nos damos el tiempo de verla.

1 comentario

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Invitado
06 ene
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Siempre es vital disponer de un momento para detener el tiempo y respirar. Gracias

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